Muertos para un día de muertos. Texto para comentar.

   

Muertos para un día de muertos

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Sabino Bastidas Colinas

El País, 17 de noviembre de 2015

     En México el (1) día de muertos es único. Sorprende al  extranjero que se asoma por primera (3) vez. Es algo que hay que conocer. Todo  el país es una fiesta. Una especie de temporada navideña singular, particular, adelantada. En la intimidad de las familias, en miles de hogares, sobre todo en provincia, se conserva el rito, se ponen altares  y ofrendas, para recordar a los muertos   para honrar a la muerte.

            Los mexicanos tenemos una curiosa relación con la muerte. En el día de muertos, en la conmemoración de todos los santos, nos burlamos de ella, nos la comemos en dulce y pan, la hacemos verso y la rodeamos de colores, de olores y de sabores. Los muertos vienen. Vuelven. Conviven. Son parte de nosotros. En México como dice la canción, “la vida no vale nada”. La muerte (8)es algo normal. Con la muerte se vive. Con la muerte se convive. Es un gran mito nacional. Un gran rito nacional. Una cultura. Una forma de ser. Se le teme igual, quizá más (9),  pero se le festeja.

            La muerte en México es una fiesta. Se ponen ofrendas monumentales en lugares públicos. Se hacen concursos. En todos los periódicos se publican “calaveritas”, que son sencillos poemas de burla en los que se habla de la muerte de personajes públicos, de políticos, artistas y famosos. El país se llena de flores de cempazúchitl, de incienso, copal y papel picado como en una gran (10) ofrenda.

            En estos tiempos hay además un sincretismo  singular. La fiesta se enriquece o se empobrece, con una combinación cultural, en la que se hacen convivir, las añejas tradiciones prehispánicas e hispánicas, con la influencia norteamericana y las recientes tradiciones del Halloween, ante el enojo rabioso, cíclico y documentado, de puros y ortodoxos. Pero al final hay fiesta, es asueto informal, puente como decimos en México y así festejamos esta semana el día de muertos una vez más los mexicanos. Como siempre. Como cada año. Pero esta vez, tuvo un sabor singular.

            La fiesta de cada año convivió este año con una realidad muy cruda y muy fuerte. Este año el día de muertos en México convive, convivió, con la muerte de verdad. Con muertos de verdad. La fiesta de este año se da en medio de una cifra de 6,220 muertos en lo que va del año, producto de una guerra contra el narcotráfico, enloquecida, cara, sin pies ni cabeza, sin fin, que cíclicamente nos confronta con la realidad.

            En México, desde hace muchos meses, todos los días, son días de muertos. Los mexicanos festejamos la muerte este año en un entorno violento ante el que parece que nos hacemos indiferentes. Nos acostumbramos. Vemos los muertos de todos los días detrás de los discursos de los políticos, de las explicaciones de los procuradores y tras el velo de la indiferencia estadística. Pasó la fiesta del día de muertos, pero todos esos muertos siguen ahí. Están hoy. Estarán mañana. Todos los días. Violentos. En los caminos. En los puentes. En las playas. Decapitados y ahorcados. Con el tiro de gracia y encobijados.

            Morir, es claro, todos nos tenemos que morir de algo. Pero no tenemos porque vivir en la indiferencia ante la muerte violenta y dolorosa de los otros. No me resigno a vivir a diario un día de muertos. Termina el día de muertos y termino yo con este artículo. “Sólo le pido a Dios, que el dolor no me sea indiferente” y más aún, “sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente”. Eso es todo lo que yo quería decir hoy.

(texto adaptado)

Acerca de mariabango

Profesora de Lengua castellana y Literatura en el IES Isla de la Deva, en Piedrasblancas (Castrillón).
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